Ventanas A Otro Mundo
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¡Clang!

Un sonido metálico inundaba el pequeño espacio.

¡Clang!

Otro sonido. Era un martillo golpeando un tubo de metal.

¡Clang!

De nuevo. Una mano sucia con aceite alzaba el martillo hacia abajo y lo golpeaba contra el techo. Porque, claro, estaba metido boca abajo dentro de los sistemas de una Caja Scranton rota.

¡Clang!

Con él habían otros tres tipos, igual de incómodos y molestos, pero sin golpear cosas, sino manipulándolas cuidadosamente. Dos de ellos eran latinos, de piel no más oscura que un mueble barnizado, y uno de ellos era norcoreano.

"Y es que, ¿a quién chingados se le ocurre la designación "lugar" para una instalación?" — dijo el hombre del martillo, un mexicano, continuando su monólogo de veinte minutos de longitud sobre profundos fallos de la Fundación, tales como nombrar a una organización con países europeos "consejo latinoamericano."

Su compañero argentino, no demasiado contento con el monólogo, por fin intervino. — "Porque estamos en la conchuda Fundación, Julián, pedazo de pelotudo que sos. Déjame de joder de una vez y pasemos a reemplazar la placa freída."

"Fundación de mierda. Siempre hay un condenado idiota que quiere usar la Caja para contener a un Tipo Verde, siempre aquí, y siempre sale mal, y, adivina a quién llaman, Santiago. Siempre me llaman a mí. ¿Por qué no entienden algo tan simple como la capacidad máxima de un artefacto?" — Seguía hablando. — "Espera que termine con el tubo de aquí."

Santiago suspiró. Mejor era no darle combustible. Volvió su atención al coreano, que manipulaba con cuidado los cables en una esquina.

"Che, ¿y vos? ¿Sabés hablar español? Perdón si te jodemos, es que no la estamos pasando muy bien últimamente… ¿Sos de Corea, cierto?"

El coreano volvió la cabeza, y lo miró a los ojos. Su boca se abrió un poco. Titubeó, la cerró de vuelta, y la abrió otra vez.

"Yo no… No sabe… Qué… Eh…" — Trató de decir, balbuceando

"No sabés… ¿No sabés qué significa algo?" — Respondió Santiago.

"Sos. ¿Qué significa?" — Moduló lentamente el coreano.

"Ah. Sos es igual que 'eres'. Te preguntaba si eras coreano."

El titular coreano volvió la cabeza un poco. No sabía cómo expresar lo que sentía en ese idioma extraño, pero trató igual.

"No más. Era de la Joseon Minjujuŭi Inmin Gonghwaguk… La norte Corea." — Terminó de volver la cabeza. — "Era coreano, hasta que mi… Mi tocayo, mi tocayo dictador."

Santiago se dio cuenta de cuál era el nombre. Hizo una mueca de empatía que el otro no pudo ver, y volvió a hablar.

"Y, decime, Kim. ¿Qué hacías allá? Te viniste acá porque subió tu tocayo, ¿cierto? Qué bueno que quisiste venir."

"No, no Kim. Jong-un es nombre. Kim apellido." — Rió un poco, por primera vez en meses. Los músculos de la cara le dolían. — "Yo era un astronauta. Iba ser. Entonces me llevaron aquí."

"Ah, ¿para el DEINEX? Qué lindo. Por suerte la Fundación te ayudó a irte."

"No. No ayudó." — Replicó. — "Me trajeron por ser útil. Mi familia se quedó. Yo vine aquí porque odiaba la… Fundación allá."

Las palabras dichas a duras penas golpearon el corazón de Santiago como un puñetazo. No respondió. No creía que la Fundación fuera así de espantosa.

Aunque, bueno, seguramente era algo de la Fundación coreana. Los latinos eran más amables. Y los europeos tampoco eran inhumanos. No pasaría en otro lado, ¿cierto?

En el medio del Amazonas, escondida bajo tierra, tomaba lugar una fiesta. Una fiesta de hombres y mujeres libres. La risa brotaba de las caras de los setenta y cinco miembros de la Insurgencia del Caos en la Base Kraken, escondidos de los ojos avizores y paranoicos de la Fundación. Eran los equipos Babilonia, Egipto, Selk'nam, Mapuche, y Apache. Entre todos ellos, Odell, su capitán.

Marduk, capitán del equipo Babilonia, tan solo sonreía. Sonreía mirando a Anubis, el taumaturgo del equipo Egipto. Sonreía mareado, mirando los voluptuosos rasgos del chico. Pero había algo más que solo mirarle el culo como un viejo verde. Algo que le hacía cosquillas cuando hablaba con él, y escuchaba su voz suave lamiéndole los oídos. Es que era tan lindo, y era tan noble, y ojalá…

"Esperen, esperen, calma, tengo un chiste que contar." — Dijo Odell, y su voz rasposa les llamó a todos la atención. Marduk apartó la vista con dificultad de Anubis. — "Es infeccioso, letal, se mete en todos lados, y enferma a todo un país en dos semanas. ¿Qué es?"

"¿Una mosca?" — Dijo Ishtar, de su equipo, sabiendo que estaba equivocada. — "Es una rata" — Dijo una chica que no conocía. — "¡La peste negra!" — Gritó otro.

"No, no mis gentes. ¡Es la Fundación tratando de curar la peste negra" — Rugió Odell, y la risa brotó con más intensidad aún. Pero no de la boca de Marduk. Los ojos se perdían en la nada, fijos en algo que no estaba allí.

La Fundación tratando de curar la peste negra.

Un grupo de matones en máscaras de gas entrando a su casa.

Echándolo de lado.

Entran a la habitación de su madre enferma, y le disparan. Salen de la casa, y siguen por la otra.

Él sale corriendo a la jungla, y nadie lo ve. Los matones van y matan a los adultos enfermos de su pueblo, y los queman. Luego rocían a todos con un líquido azul, y se van.

Cuando vuelve, nadie se acuerda de su madre. Nadie se acuerda de él.

Marduk aprieta la copa de vino en su mano, y se parte en veinte pedazos que aferra con ira, lacerándole la palma. El vino se mezcla con su piel y arde. Las gotas caen al suelo. Las lágrimas se mezclan. Las risas siguen. Las risas siguen.

"¿Estás bien?" — Dice alguien. Anubis lo mira preocupado. Le abre la mano y le quita el vidrio partido. Él no responde. Lo lleva aparte, y le venda la mano. — "Bueno, ahora sí estás bien." — Dice.

"Gracias." — Responde Marduk, y Anubis se sorprende. No lo había escuchado hablar en toda la fiesta. Dos ojos marrones se cruzan con dos ojos verdes, y se trazan dos sonrisas vagas.

Sobre la costa, había un hombre erguido. Estaba parado sobre un enrejado de metal, con las manos en los bolsillos, y la camisa entreabierta flameando como una capa. La barba le caía de la pera hasta casi el cuello, y se podían distinguir las costillas del hombre tras la camisa. Miraba fijamente la lejanía del mar, y volvía la vista en ocasión a la isla, pasando los ojos una vez sobre cada una de las trece carpas apoyadas sobre las salientes del risco.

De repente, el primer rayo de sol salió del oeste, por encima del risco, y el hombre se ajustó la gorra para ver mejor. De lejos podría verse el reflejo de la estrella roja y dorada que llevaba cosida la gorra. De cerca, dentro de las carpas, podría verse la sombra de una bandera con la misma estrella, y las letras 'MAC' debajo.

El día pasaba, y el hombre todavía estaba parado sobre el muelle transportable. Poco a poco, el sol llegaba al mediodía, y sus compañeros se levantaban de las carpas. Sin preocupación que les viera nadie peligroso, tarareaban la letra de Bella Ciao.

Pasó el mediodía, y una lágrima se resbaló del cachete del hombre.

Julián todavía no volvía de Cuba. ¿Se habrá olvidado de ellos? ¿Tal vez lo habrán matado?

La cara del hombre se apartó del horizonte marítimo. El cielo oscurecía, y con él, la llama revolucionaria.

Al Fine colocaba los últimos libros en la estantería. Ajustaba el último ángulo de la última silla. Quitaba el último polvo de la gran alfombra en su nueva oficina.

Coalición Oculta Global, decían las palabras bajo el logo del gran planeta y la estrella que le decoraba.

Cansada, Al Fine se sentó por primera vez en su silla. La primera de muchísimas veces. Dejó salir un largo suspiro, y cuando abrió los ojos, miró con una sonrisa el globo terráqueo que decoraba su escritorio.

"Un sueño hecho realidad, ¿no crees, azulita?", decía mientras empezaba a girar el globo con la punta de su uña.

"Fácil no fue, por supuesto. Nunca lo es. Lamentablemente, pareciera que siempre tiene que suceder algo para que las cosas se hagan bien", detenía el globo, dejándose ver a Asia.

"Pero ya no más. Eso jamás se volverá a repetir. Estarás segura con nosotros"

Una explosión.

Tambaleaban los anaqueles, caían las copas y los libros. Los cuadros perdían sus ángulos perfectos, y el polvo se dejaba caer sobre la alfombra.

El globo se cayó, Al Fine se levantó.

La puerta fue abierta de golpe, "¡Señora! ¡Tenemos que irnos! ¡Estamos bajo ataque!"

"¿Quienes?"

"No sabemos. No tienen logos, señora"

"Fundación"

Al Fine caminaba hasta su escolta. Antes de abandonar la habitación, giraba su cabeza hacia el globo en el suelo. Había adquirido una abolladura, en un lugar que se leía como Tailandia.

Al Fine frunció el ceño con fuerza, y dejó atrás su octava oficina.

1956

Mali respiraba. Cielo azul. Era un día normal en el mundo.

1958

Mali saludaba a su vecina. Regaba las flores.

1960

Mali corría. El cielo teñido de rojo. Se llevaron a su vecina.

1962

Malí se escondía. El cielo teñido de rojo. Se resguardaba en la casa de la vecina que nunca tuvo.

1964

Malí se alimentaba de las sobras de uno de los cuerpos en la calle. Malí miraba algo surcando el cielo rojo. Blanco, y luego negro.

1964

Era un día normal en el mundo.

"¡Papi, papi, cuéntame ese cuento de nuevo! ¡Porfis, porfis!"

"Jaja, está bien, preciosa. Pero este y te vas a dormir, ¿eh?"

"¡Si, si! ¡Pero cuenta, cuenta!"

"Muy bien, aquí voy. Érasen las 1300 horas, la una de la tarde, y soldados sin banderas ni logos corrían armados alrededor de una pequeña isla. Movían camiones, bombas y especialmente odio. Todos apuntaban a la misma puerta, esperando que algo horrible saliera, pero nada salió"

"Oh no"

"Muchos pisos bajo tierra, una pequeña niña luchaba con uñas y dientes contra batallones de hombres y armas. Ella lloraba y sufría, sus gritos de dolor ahogados por gritos de odio y falta de empatía. No logró dar dos pasos fuera de la celda en la que se encontraba sin ser reducida. Encadenada y herida, fue puesta en una celda todavía peor. Su petición nunca escuchada, sus deseos olvidados. Amor, todo lo que necesitaba, se decía a sí misma mientras hombres llenos de odio brindaban con sus caras copas vino en mano. Lo lograron. Lograron destruir a esa niña".

"Hombres malos, no como los de aquí de la Instalación-33"

"Personas malas, preciosa. ¿Y qué es siempre lo que nos dice Gaspar?"

"Si escuchas y entiendes, y pones el amor frente a todo, ¡todo será mejor para todos!"

"Así es, preciosa. Que esa lección sea la que defina tu vida siempre, pequeña. Ahora duerme, duerme y sueña con un futuro mejor para todos. Sin hombres malos"

"Buenas noches, papi. Te quiero mucho"

"Yo también te quiero mucho"

Trompetas sonaban en amargo despido para aquellos que perdieron la vida hace unas cuantas horas atrás. Un hombre alto, de rostro duro pero no indiferente a la situación, se acercaba a la zona de entierro, esperaba pacientemente el fin del silencio de las trompetas, y se acercaba un micrófono a la boca.

"Richard D. Carter, Emiliano G. López, Leandre H. Benoit, Eduardo A. Espinoza, Daniela V. Albornoz, Constanza T. Tapia, y Lanuk. Estos son los nombres de los hombres, mujeres, y animal que hemos perdido el día de hoy. Todos y cada uno de ellos murieron con el fin último de todos nosotros, asegurar la vida de la gente que no sabe lo que nosotros, contener a los monstruos que amenazan con acabar con todo, y proteger la libertad de vivir. Lucharon valientemente contra el monstruo con cara de niña, y gracias a ellos, y todos nosotros, lo vencimos. Todos ellos eran parte de nuestra familia, y como tal, se les despedirá como es apropiado. Con el corazón en llanto, pero la mente en calma, pues en espíritu, sabemos que ninguno de ellos ha muerto en vano. En paz descansen"

Silencio.

Tras un minuto, las palabras volvieron a la boca del hombre.

"Ni la muralla más alta, ni la tecnología más sofisticada. Hombres. Somos la única razón de nuestra fuerza. En paz descansen, amigos. En paz descanses, hija", su rostro duro luchaba contra sí mismo por no quebrarse, y en mitad del saludo militar, dejaba caer una lágrima.

"El mundo los recordará como lo que fueron, héroes. Descansen, Instalación-17".

"¿Por qué?"

"Tendrás que ser algo más específico que eso"

"¿Por qué todo? Leí los libros que me pasaste, leí toda la historia anómala que poseemos, y todo lo que La Fundación hizo y no hizo durante todos estos años. ¿Por qué? ¿Por qué hicimos lo que hicimos?"

"¿Por qué hacemos las cosas que hacemos? ¿Qué nos hace elegir las decisiones que elegimos?"

"Pues, lo correcto, señor. Tenemos que hacer siempre lo correcto, elegir la opción correcta, sin importar sin es fría. Hacer la diferencia positiva al final del día… o eso pensaba hasta que leí todo esto"

"Joven-"

"No soy joven"

"Lo eres a mis ojos aún, casi un niño, yo diría. Y como a un niño, se te ha enviado a la escuela a leer de los libros y acatar lo que te dicen, pero como un adolescente, has decidido ser algo más rebelde, a cuestionar lo que se te ha enseñado. Ahora, necesito que seas un adulto y formes tu propio pensamiento, y solo por un momento dejes de lado la pregunta del por qué y me respondas esto. ¿Fue lo correcto?"

"Pues no. Se pudieron hacer muchas cosas con los recursos que tenía La Fundación. Se pudiera haber hecho algo mucho mejor respecto a la coyuntura de los 60s si se hubiera preferido la vida de las personas antes que la longevidad de La Fundación y sus operaciones, por ejemplo"

"Eres un buen chico. Cuando yo estuve en tu lugar, dije cosas similares a las que tú dijiste ahora mismo"

"¿He acertado entonces?"

"No. Cuando dije lo que tu, mi superior me golpeó con su bastón en la cabeza. Tienes suerte de que yo tenga los brazos sin movilidad"

"¿Qué me intenta decir?"

"Te intento decir, joven, que nosotros siempre, siempre, siempre hemos priorizado la vida de las personas antes que cualquier otra cosa. Siempre hemos estado buscando el escenario donde la vida de las personas mantenga su número y su calidad, donde la normalidad reine por sobre el miedo y el horror. Cuando yo estuve en tu lugar, critiqué a mi superior y sus decisiones durante la Gripe Española. Debiste haber priorizado la vida antes que la supervivencia de La Fundación. Pero ahora yo te pregunto, niño, ¿cuántas vidas crees que se hubieran perdido el día de hoy, de no ser por la existencia de La Fundación?"

"Se podrían haber salvado más"

"Error. Si hubiéramos tenido la oportunidad de salvar esas vidas en los 60s, lo hubiéramos hecho, pero tienes que entender que este es un mundo cruel, y en un mundo como este no existen las soluciones perfectas, solo las opciones preferibles. En los 60s, teníamos a todo el mundo anómalo contra nosotros, contra nuestras sedes y contra las cadenas que mantenían a raya a los monstruos del exterior. Si, la cagamos en Tailandia, pero la podríamos haber cagado mucho más de no haber hecho lo que hicimos, y la podríamos haber cagado mucho más de dejar de existir cuando teníamos a los monstruos que teníamos encadenados. El número de vidas que estábamos dispuestos a sacrificar era 0, y el escenario posible con el número más cercano a ello lamentablemente fue el que viste que tuvimos. Si no hacíamos lo que hacíamos, hoy el mundo sería un lugar mucho peor".

"Discrepo. Viví esos tiempos desde abajo de su trono, y lo que vi fue muy distinto. Pero ahora que estoy aquí en el poder como usted, me esforzaré por hacer lo correcto, lo que realmente es lo correcto. No más víctimas de La Fundación"

"Je… dije algo tan similar antes de que los 60s pasaran. Eres un buen chico, y no podría estar más feliz de tenerte entre el Comando O5 ahora mismo. Pero te advierto por experiencia propia, muchacho, el mundo puede girar en la dirección contraria a la prevista en cualquier momento, y cuando eso suceda, tendrás que tomar la opción más correcta de acuerdo a esos tiempos"

"Haré lo correcto, y en mis tiempos nadie morirá, no se preocupe"

"Estoy seguro de ello. Pero ahora dejemos estar charlas duras de lado y celebremos un poco, que lo merecemos. Feliz Año Nuevo, nuevo O5"

"Feliz Año Nuevo, señor"

"Que el 2020 sea el mejor de los años"

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