Guerrero Móvil Bumaro Versus Tokyo Ghoul Ion
Puntuación: +8+x

Se confrontaron con miradas inquebrantables y sus auras de poder incrementaron en intensidad. Uno estaba encima de un pilar metálico y el otro encima de un pilar de carne y hueso. Ambos se elevaban muy por encima de las copas del bosque, el sol golpeando el paisaje. Los pájaros volaron hacia el cielo mientras Ion gritaba a todo pulmón. Bumaro agitó la cabeza. Esto no serviría. Esta lucha no iba a ser lo suficientemente intensa.

"Vamos, puedes hacerlo mejor que eso. Supera tus límites, o nunca me vencerás," dijo Bumaro.

"¡Jódete, Cibercerebro! ¡Lo estoy haciendo bien!"

"¿Bien? ¡Has estado cargando energía por cinco minutos y nada ha cambiado!"

"¡Eso es porque estoy preparando mi nueva forma definitiva!" Estrechó la mirada y señaló a Bumaro y sonrió con confianza, adoptando una pose dramática y bastante extravagante.

Bumaro suspiró por las bravuconadas de su oponente. "Siempre improvisas y tratas de engañarme con trucos en lugar de comprometerte con tus horarios de entrenamiento y establecer estrategias."

"Funciona la mitad de las veces, ¿no?" dijo Ion, su sonrisa de tiburón cada vez más descarada.

"Ese es exactamente el problema. Estamos atrapados en un eterno estancamiento que no puede resolverse porque estás demasiado atado a las pasiones carnales. Yo, por otro lado, me tomo esto en serio. Y tengo la intención de ponerle fin".

"¡Escúchate a ti mismo! ¡No es más que un negocio contigo! ¿No puedes mostrar un poco de emoción? ¿O es que ese gran tornillo en tu trasero te lo hace muy difícil?"

Bumaro frunció el ceño. "Lo único que me resulta difícil es oír estos débiles chistes una y otra vez. Solías tener un ingenio más agudo, sabes. Creo que el hecho de convertirte en padre lo opacó un poco."

"¿Qué demonios me dijiste? ¡A todos les encantan mis chistes!"

"Esas personas trabajan para ti, no lo olvides. Y tu hija es todavía joven, no puede evitar idolatrarte."

"¡Al menos todavía sé lo que es conectarse con alguien y formar una familia con ellos! Todo lo que te importa es el trabajo, ¿y sabes qué? ¡Te está dejando oxidado!"

Bumaro suspiró por la broma, y asumió su perfectamente calculada postura de lucha. "Descubrirás que mi actuación no se ve obstaculizada por mi edad."

Ion se rió de su exasperación, y asumió una postura de lucha primitiva. "¡ADELANTE, LAMENTABLE EXCUSA DE ÁBACO!"

El Maestro de las Máquinas se reconfiguró en un caballero mecánico angelical de varios pisos de altura, sus alas doradas y su aureola dándole un aura de belleza y asombro. Conjuró su espada y corrió como un rayo directo a la garganta de Ion.

El Señor de la Carne se transformo de adentro hacia afuera a través de sus trastornadas mandíbulas. Todo su rostro era como el de un ogro deforme, le faltaba la piel en parches aleatorios, sus músculos negros tensos como cables de acero y armamento biológico brotando por todas partes.

El monstruo mutante golpeó al ángel mecánico con sus horribles garras, sólo para que el enemigo desapareciera en un estallido de luz cegadora. Ion se agarró de su cara y gritó con sus ojos ardientes, golpeando en todas las direcciones en un intento de alcanzar a su enemigo. Pero Bumaro había analizado todos los gambitos de apertura de Ion de batallas anteriores, y se dio cuenta de que el Señor de la Carne no anticiparía un truco sucio propio.

"¡Ven aquí, COBARDE!" gritó Ion.

"Si insistes". Bumaro desactivó su campo de ocultación, apareciendo justo detrás de Ion y atravesándolo con su espada, y luego pateando al gigante hacia adelante varias docenas de metros hacia una roca que explotó por la fuerza del impacto.

Ion se levantó, regenerando la herida de la espada y haciendo crecer nuevos ojos. Lanzó una esfera de carne y hueso hacia la cara de Bumaro, quien intentó cortarla por la mitad. La esfera esquivó su espada y envolvió toda su cabeza con patas de cangrejo. Bumaro intentó arrancarla con su mano libre sin éxito, e Ion aprovechó la oportunidad para morder el brazo con la espada del ángel mecánico, dando vueltas como un cocodrilo.

Bumaro disparó rayos láser desde sus ojos que destruyeron el cangrejo que se aferraba a su cabeza y dañaron gravemente a Ion. A pesar de esto, el monstruo se las arregló para morder el brazo de la espada. Aturdido por el dolor, Bumaro no pudo defenderse. Ion le arrancó una pierna con sus poderosas mandíbulas. Levantó las extremidades por encima de su horrible cabeza como un trofeo y se rió a carcajadas. "¡Parece que costará un brazo y una pierna reparar esto!"

Bumaro flotó en el suelo gracias al uso de un núcleo antigravitatorio, y presionó un botón en su pecho con la mano que le quedaba. Los miembros de repuesto que Ion había arrancado detonaron en una gigantesca explosión, reduciendo la carne del monstruo a una masa fundida que goteaba de un esqueleto. Ni siquiera pudo gritar mientras sus cuerdas vocales y terminaciones nerviosas desaparecieron. A Bumaro le brotaron sus extremidades sustitutas y se rió.

"Ah, ¿sin bromas, Ion? Es una pena. Parecías tan ardiente por un segundo."

A Ion le crecieron varios brazos para darle a Bumaro varios dedos medios. Bumaro no dejó que las bromas le retrasaran, y disparó una andanada de misiles al debilitado enemigo. Ion usó tentáculos para agarrar los misiles y los redirigió hacia Bumaro. Había demasiados proyectiles, y el ángel mecánico no pudo esquivarlos a todos. Quedó atrapado en una explosión que redujo a cenizas varios árboles. Usó sus escáneres para intentar detectar al enemigo a través de la nube de humo, pero no funcionó.

Un enjambre de langostas irrumpió a la vista, mordiendo a través de su armadura y arrastrándose por las interfaces neurales expuestas. Bumaro estaba totalmente abrumado por el dolor punzante en todo su cuerpo. Intentó activar una contramedida de emergencia, pero fue interrumpido por una gran roca que cayó justo encima de él. El daño total de los misiles y la roca le impidió liberarse, por mucho que lo intentara. Ion se acercó a él con otra gran sonrisa, sus puños en forma de martillo.

"¿No vas a acabar conmigo?" preguntó Bumaro incrédulo.

Ion se rascó la barbilla con un brazo extra en consideración. " Bueeeeno, podría hacerlo, ¡pero me parece que has tocado el fondo de la roca1¡

"Por favor, acaba conmigo", pidió Bumaro en el tono más perfectamente inexpresivo.

"Muy bien, de acuerdo. Realmente eres frío como una piedra." Golpeó la roca con su puño de martillo, rompiéndola en mil pedazos y liberando a Bumaro.

"¿Qué… por qué…?" balbuceó conmocionado ante la muestra de misericordia.

"¡Vamos, no empieces a gravitar a mis pies ahora! ¡Sigue luchando!"

"Cualquier cosa para callarte."

"¡Lo dice el hombre de hojalata que contó una broma a mis expensas!"

Bumaro no podía argumentar en contra, así que se levantó y conjuró su espada de nuevo. Necesitaba nuevas tácticas. Y estaba seguro de que Ion no le perdonaría otra vez si la pelea se volvía aburrida.

El ángel mecánico llegó a la conclusión de que la situación era lo suficientemente seria como para exigir una gran improvisación. Extendió sus alas y voló alto en el aire, más allá de las nubes y alcanzando el vacío del espacio. Cubriéndose con una nueva y resistente armadura, descendió como un meteorito en dirección a su enemigo.

Ion preparado para la colisión, una docena de movimientos pasando por su mente. Sus ojos se abrieron de par en par cuando Bumaro extendió su mano y abrió un portal entre ellos. El oponente de Ion se había desvanecido justo antes de golpearlo.

"¡Dos pueden jugar a ese juego!" gritó Ion. Runas taumatúrgicas brillaron con color carmesí en su carne y abrió su propio portal en la realidad, calculando la ubicación aproximada de su oponente basándose en la firma de energía de su portal. Le crecieron alas y se abrió paso, emergiendo en medio del cielo con su enemigo en ninguna parte.

"¡Supongo que el hombre de hojalata no tiene el corazón para luchar contra mí de frente!" Gritó. Bumaro desactivó su campo de ocultación una vez más y lo embistió con la fuerza de un tren de carga, inmovilizándolo contra un objeto flotante e invisible. El monstruo le arrancó la cabeza a su enemigo, sólo para darse cuenta de que era un señuelo que lo sujetaba firmemente. Y con sus agudos sentidos, Ion pudo percibir un sutil zumbido de maquinaria y un aumento de la temperatura justo a su lado.

El verdadero Bumaro apareció, su armadura dorada reflejando los rayos del sol en un despliegue deslumbrante. Levantó la mano, enviando una señal al objeto invisible en el que Ion estaba incrustado. Se escuchó el estruendo de un enorme campo de ocultación siendo desactivado mientras una nave aérea armada con un cañón de fusión salía a la vista. Sin perder tiempo, Ion se partió por la mitad y dejó que el señuelo sujetara su mitad falsa. Volando lejos del alcance del cañón que se calentaba rápidamente, las runas taumatúrgicas de Ion brillaban cada vez más mientras preparaba su propio rayo.

Dispararon.

Un destello de luz estalló en la existencia que podía verse a lo largo de docenas de kilómetros.

El aire retumbaba como si el mundo estuviera llegando a su fin.

Pero no más fuerte que sus intensos gritos.

Los rayos se empujaron entre sí, el punto donde se conectaron crepitando con arcos de energía destructiva pura. Bumaro e Ion comenzaron a desmoronarse en engranajes y sangre a medida que la lucha se acercaba a su clímax, pero ambos se negaban rotundamente a rendirse. Al final, lo que decidió al vencedor fue un simple movimiento.

"¡HEY, ION!"

"¿QUÉ, QUIERES RENDIRTE?"

"¡APUESTO A QUE NO SE TE OCURRE UNA BROMA SOBRE LÁSERES!"

Ion entró en un estado de shock cuando se dio cuenta de que no podía, sus ojos se volvieron totalmente blancos. En esa fracción de segundo, su rayo fue abrumado y su derrota fue sellada.

Cayó en el océano, su mente desvaneciéndose en negro. Pero cuando recuperó la conciencia, no estaba encadenado para ser interrogado ni nada de eso. Estaba en su forma humana y tendido en un dormitorio dentro de la aeronave. Fue guiado a la cubierta por sirvientes robóticos, donde se encontró con Bumaro también en su forma humana, sentado en una hermosa mesa de comedor cubierta de té, galletas y sándwiches.

"Siéntate. Supuse que debías tener hambre. Disculpa a mis sirvientes si la comida y la bebida no son tan buenas. No necesito exactamente tales cosas."

Ion miró a su alrededor con sospecha. "¿Dónde están las cámaras? ¿Estás tratando de envenenarme o algo así? Sabes que eso no funciona conmigo, ¿verdad?"

"Durante incontables años hemos sido rivales. Nos conocemos mejor que la mayoría de la gente. ¡Y ahora ni siquiera me dejas ser tu anfitrión! Me insultas." Dijo Bumaro en tono humorístico.

"Espera. ¿Me estás diciendo… que yo… realmente te hice perder un tornillo?"

"Dile eso a tu hija si no lo has hecho ya, estoy seguro de que le encantará."

"Seguro que sí. Pero… hay algo que no entiendo del todo. ¿Por qué me perdonaste? Podrías haberte deshecho del líder de la mayor facción enemiga de tu Iglesia. Eso suena bastante irracional, especialmente viniendo de ti. ¿Qué pasa, cibercerebro?"

"Simple. Me perdonaste la vida cuando tuviste la oportunidad de hacerme lo mismo. Piensa en ello como un principio de caballero".

Ion estalló en un estruendoso cacareo. "¡Oh… oh hombre! ¡Eso es jodidamente precioso! ¿Por qué no dejas de decir tonterías y admites que te estabas divirtiendo demasiado?"

"Tal vez sí, tal vez no. Ahora sé un buen líder de culto y come."

"No tienes que decírmelo dos veces. Por cierto, mi hija va a participar en esta obra escolar, y sería un honor para mí que aparecieras."

"Por supuesto. Pero sólo si prometes ayudar con algunos asuntos que están dividiendo a mi Iglesia."

"¿Chito de ambas partes?"

"Chito."

"¡Trato!"

El Señor de la Carne y el Maestro de las Máquinas se dieron la mano, terminaron de comer y se prepararon para seguir sus caminos separados por ahora. Sin embargo, fueron interrumpidos por un aura masiva de poder que se manifestó repentinamente cerca de ellos. De un pilar de luz emergió una figura humanoide vestida con una capa negra y una máscara blanca parecida a un pájaro, con un bisturí en la mano. Su manto se ondeó en el viento, sus ojos brillaban con intención purificadora y hablaba con un vago acento de Europa del Este.

"Esta pestilencia… no persistirá."

Bumaro e Ion se miraron, asintieron con la cabeza y asumieron una pose badasses espalda con espalda para luchar contra el nuevo retador.

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