La Carroza Funeraria
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La carroza funeraria.

El carruaje de las osamentas del pasado, el Calciocarro, el Hueso del recuerdo, Recordis ossus

Resumen

La carroza funeraria es un camión similar a aquellas que venden comida callejera1 ,2 cubierto en su totalidad sino es que compuesto enteramente de huesos. La carrocería esta repleta de fémures, húmeros y costillas, entrelazados entre sí, como si de un rompecabezas de ultratumba se tratara. Los rines son cráneos, la parrilla una caja torácica, ese tipo de cosas.34 Casi un camión de comida mundano, pero no sirve simple comida, no: sirve recuerdos… Recuerdos en forma de hueso.

Conocimiento

Características:
La carroza funeraria es lo que parece ser un camión de comida, aunque se ha documentado que a lo largo de la historia ha adoptado la forma de otros vehículos, desde carros romanos hasta carruajes, todos con la misma composición osea. Acelera hasta unos 158 kilómetros por hora5 y parece salir de la nada, recorre un pequeño tramo, entrega un hueso y recorre otro pequeño tramo antes de desaparecer. Se puede ver el interior cuando abre su ventana para entregar los huesos, pero sólo se distingue una profunda oscuridad, que ninguna luz pudo penetrar.

Naturaleza:
La carroza funeraria suele aparecer cerca de la gente cuando esta se encuentra en un estado verdaderamente deprimido o pasa por un muy mal momento, cuando han tocado fondo. Se acerca acelerando demencialmente (aunque siempre con una prudente distancia) a la persona, y saca un hueso para él, o ella, quien al tocarlo tendrá una visión6. Esta visión será una memoria de algún momento especialmente feliz o inspirador de alguno de los antepasados de la persona.78 La naturaleza de esta visión será distinta para cada persona, pero siempre será vivida y dará una sensación de alegría y esperanza.

Historia y Grupos Asociados: Se han documentado varias apariciones de la carroza funeraria a lo largo de la historia, la más antigua registrada es durante el Imperio Romano. Registrado en el diario de un legionario romano, Mamercus Cornelios Esquilina. La describió como un carro de guerra hecho enteramente de huesos tirada por los esqueletos de dos caballos. Las rayos de las ruedas compuestos por fémures, siendo la rueda misma de hueso tallado, el cuerpo del carro lo describió como una caja torácica inhumanamente grande. Durante principios del siglo XX, con el advenimiento de los primeros carros, se han documentado varias apariciones donde se le describe como un modelo T recubierto de huesos.

Acercamiento: La carroza funeraria sólo se acerca a aquellos en un mal estado emocional, así que no es recomendable atraerle. Sin embargo, parece ser que en lugares donde haya una concentración de huesos aparece más a menudo. Además, aunque se acerque a otra persona, la carroza está ahí físicamente así que si estás en los alrededores podrás observarla.

Observaciones e Historias


Esta es la historia de cómo me encontré yo con la carroza funeraria.

Esta historia transcurre durante el 31 de octubre de 1995, cuando tenía la tierna edad de 7 años. Iba a haber una fiesta de disfraces de Halloween en mi escuela. Recuerdo haber pasado buena parte del mes haciendo mi propio disfraz, un arbolito. Le había puesto ramas y hojas reales, y mi madre me ayudó a coser todo. Estaba muy orgulloso. Así que finalmente llegó el día de la fiesta, en la noche mis padres me dejaron en la escuela del pueblo. No recuerdo muchos detalles pero sí recuerdo que no era precisamente popular, pero igualmente yo estaba feliz con mi disfraz de arbolito.

No recuerdo porque exactamente, pero no habían adultos con nosotros, imagino que habrán salido a hacer algo. El punto es que yo estaba haciendo mis cosas comiendo dulces cuando un grupo de niños se me acerco, cada uno con un cartón de huevos. Tiraron mis dulces y me agarraron, eran mucho más fuertes que yo y varios más mayores. Me pusieron contra la pared y con una cinta americana me dejaron pegado. Recuerdo que mi mayor preocupación era mi disfraz y les rogaba que me soltaran. Entonces empezaron a lanzarme huevos, huevos podridos. Mi disfraz se había arruinado, la tela término toda llena de yemas y claras podridas, y lanzaron los huevos con suficiente fuerza para romper las ramitas que en lugar de que simplemente se cayeran como mi cara igualmente estaba toda llena de huevo, se quedaban pegadas en mi cara. Estaba llorando.

Finalmente, uno de los chicos me arrancó de la pared y me tiró al suelo mientras todos se reían. "Parece que se hizo popo, porque no lo ayudamos a limpiarse" o algo así dijeron. Entonces unos de los niños sacó un rollo de papel higiénico, claramente usado, y me envolvieron con el. En ese momento logré zafarme de ellos y salí corriendo del salón y de la escuela, sólo podía escuchar sus risas mientras huía de ahí.

No se ni por cuánto tiempo corrí, sólo recuerdo cuando me tropecé con una lápida, no se ni como llegue al cementerio pero ahí estaba, tirado en el suelo, un niño disfrazado de árbol manchado de huevo podrido y papel higiénico. Ni siquiera me moleste en levantarme, me quedé tirado en el suelo mientras lloraba. Hasta que de repente oí un enfrenón frente a mi.

Levante la mirada y ahí estaba, la carroza funeraria. Un camión hecho de huesos. En ese momento vi como abría la ventana y de ella salía flotando un hueso. Pese a lo que uno hubiera pensado no tenía miedo, me levante, me acerque y lo toque.

Inmediatamente me vi transportado a un bosque. Estaba todo obscuro a excepción de una fogata en el medio de un claro, alrededor de ella había un grupo de adolescentes. Tocando música en sus instrumentos. Un banjo, una armónica y un pequeño tambor. Los demás asaban malvaviscos en el fuego. Podía sentir como se sentían, felices, confiados y la certeza de que es sería un momento que atesorarían para siempre. Posteriormente me enteré que el chico del banjo era mi abuelo, en una acampada en su juventud.

Después volví a encontrarme en otro lugar, esta vez una pequeña casa con otro grupo de chicos. Estaban sentados alrededor de una mesa, tomando cervezas, comiendo pizzas y jugando una mano de cartas. Uno de estos chicos resultaría ser mi padre, y estas reuniones continuaron hasta cuando murió. Bebidas, comidas y barajas distintas, pero siempre el mismo grupo de amigos.

Finalmente, me encontré en un hospital, viendo como una pareja sostenía a su bebé recién nacido. Yo.

Regrese al cementerio donde estaba. El camión se había ido. Pero ya no me sentía tan mal, me quite el disfraz y fui a casa. Hable con mis padres. Me sacaron de la escuela en ese momento, un par de meses después nos mudamos a otro pueblo. Conocí gente nueva, buena gente. Con el tiempo crecí y descubrí la Biblioteca. Y de mi deseo de documentar este encuentro de mi niñez me llevó a escribir estas páginas.

~Uriel H., Recordis Ossus: La memoria osea.

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