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Ella abrió la caja, y adentro había…


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Mary hizo un gesto de dolor mientras al clavarse la aguja a su brazo, viendo como un liquido rojo oscuro subía por el barril. Para cualquier medico que se apreciara, el hacerse su propio análisis de sangre estaba fuera de discusión. Pero ahí estaba Mary, sacando una muestra de su medula ósea. Era un procedimiento ya agonizante, y ahora se había vuelto inaceptablemente peligroso. Pero no tenía ninguna opción. No había nadie más.

Mary puso su muestra en la centrifuga. Puso un fajo de algodón y cinta sobre su punzón, y bajo la manga antes de salir del laboratorio. Dentro de la esclusa, revisó minuciosamente cada sello en su traje protector. La fricción de la tela de goma hizo que los 200 agujeros de su cuerpo gritaban en protesta al mismo tiempo.

De algún modo, la peor parte de su día estaba por venir.


“Mary. Mary, no- no te vayas- NO ME DEJES MARY. SOY EL DIRECTOR DEL SITIO. SOY TU SUPERIOR. TIENES QUE ABRIR ESTA PUERTA MARY. ABRE. ESTA. PUERTA.”

Mary colocó un paquete de raciones en un buzón hermético; una característica estándar de todas las puertas del ala de Aislamiento Médico. Ella dispensaba, luego dispersaba, ignorando las voces que venían de cada habitación.

“¿Dr. Madigan? ¿Eres tú? No puedo… No puedo oír tan bien ahora… creo que mi oído esta-”

“¡Mary! Mary escucha. Solo abre la puerta, ¿ok? ¡Soy yo! ¡Samantha! Somos amigas- ¡Trabajamos juntas! Necesito ir al laboratorio. ¡Podemos resolver esto! ¡Nosotras podemos! Solo- ¿Mary? ¡MARY! ¡MARY POR FAVOR!”

“CLICK CLICK CLICK CLICK QUÍTATE LOS MALDITOS ZAPATOS SIEMPRE CLICK CLICK CLICK-”

Mary hacía las rondas, haciendo entregas de su siempre menguante suministro. Cada día había menos comida, menos medicamentos… pero en un cruel contrapeso, menos pacientes. Levaban tres semanas encerrados, y cada día el Sitio-19 tenia otra habitación que se quedaba en silencio.

“Submarinos… Submarinos en el techo, entrando y saliendo… ¿Por qué estoy sudando tanto? Hace tanto frío aquí…”

“¡Mi familia, Mary! ¡Están ahí afuera! Se que están vivos, Mary. Déjame verlos. Solo abre la puerta, te prometo que no-”

“No se quedara abajo, Mary. La comida no se quedara abajo. Suben, y suben, y suben, Y CADA RINCÓN ESTÁ LLENO DE-”


“¿Mary?”

Una voz suave llegó a los oídos de Mary. Ella se detuvo, con las manos agarradas a su bata de laboratorio. Era una voz que no reconocía, después de todo, era una instalación muy grande…

“Eres Mary, ¿verdad? Escuche a algunos de los otros gritando. Escucha, esta bien. Lo entiendo. Estas tratando de salvar vidas. Estas haciendo lo correcto.”

Mary no respondió… pero tampoco dio un paso adelante.

“Mary” dijo la voz gentil. “No creo que me quede mucho tiempo. No puedo sentir… bueno, nada. Soy un doctor también. Conozco los síntomas. Mis nervios están muriendo. Puede que tenga esta lenta muerte, como hundirse lentamente en un baño caliente. Pero espero que.”

“Pero Mary… no quiero morir solo.”

Mary aspiró aire a través de sus dientes. Abrazando sus propios hombres, y comenzó a alejarse.

“¡No te pido que abras la puerta!” la voz gritó, lo suficientemente fuerte como para escuchar, pero aún de forma dolorosamente amable. “Se que no lo harás, ¿pero podrías… tan solo abrir el panel de observación? Incluso si hay vidrio bloqueando, Solo quiero… necesito ver al menos un rostro humano antes de morir. Nada era más importante…"

La voz se alejó. Mary tragó su saliva. Un enfermizo coro resonaba desde los muchos pasillos largos, blancos y vacíos. Aunque le llevo un momento decidirse, Mary abrió el cerrojo del centro de la puerta. Cuidadosamente, deslizo el panel hacia arriba, exponiendo el plexiglás plateado.

Pero no estaba allí.

Observo que el metal de la ventana estaba cubierto de marcas de desgarres y sangre, el hombre de adentro debió haberlas abierto con sus propias uñas y dientes y-

Un Brazo se asomó por la abertura. Su piel era un negro azabache necrótica, despegada, y enfermizamente delgada… pero no tan delgada como la propia ranura. La carne se desgarro contra el metal dentado, dejando los músculos podridos y el hueso desnudo.

“TÚ HICISTE ESTO” la voz gritó, arañando con su miembro destrozado. “TÚ NOS HICISTE ESTO MALDITA P-”

Mary había escapado.


"No es su culpa" dijo Mary, mientras trabajaba frenéticamente, intercambiando diapositivitas de microscopio como una adolescente aburrida cambiando los canales de televisión. "Están enfermos y desesperados, y nadie sabe más de esto que yo."

Mary había instalado su laboratorio en el sub-sótano. Específicamente, había movido cada pieza de equipo que necesitaba del laboratorio médico, a mano, por cinco pisos de escaleras. No lo hizo por razones sanitarias, tampoco fue para alejarse de los constantes lamentos de sus colegas-ahora-pacientes.

Se había mudado aquí abajo solo para estar más cerca de él. Él era su única ancla ahora.

"¡Trate de explicárselos!" dijo ella, haciendo un gesto a la nada. "¡Deberían entenderlo; ¡Son doctores! Oh, no, no. Por supuesto que no." Se corrigió a sí misma, trabajando frenéticamente mientras hablaba. "Están enfermos. No lo van a entender. Están enfermos. Está en sus cerebros, por supuesto. Por supuesto que no lo van a entender… sólo tú lo entiendes."

"Siempre lo supiste, ¿no es así?" dijo Mary, miró hacía atrás sobre su hombro. "De todos nosotros, tú fuiste el único que realmente lo vio. Tú viste- no, eso no es cierto. En el fondo, todos los sabíamos."

la voz de Mary' y sus gestos comenzaron a disminuir. "Elegimos no verlo, pero siempre estuvo ahí. La caja nos hizo verlo. La caja… la caja nos mostró la verdad…"

Mary se detuvo. Se alejó de su trabajo. Con una mano extendida, caminó hacía las cámara de contención, presionando sus dedos contra la fría puerta de hierro. Como todas las demás, también tenía una ventana de observación. Lentamente, y casi amorosamente, Mary abrió el cerrojo y miró adentro.

Mirandola fijamente había un hombre con una capucha oscura, su cara oscurecida por una larga, máscara blanca y plateada.

"Lo siento si no te habíamos creído antes…"

Mary extendió su mano hacia el cerrojo, y finalmente vio como su propio brazo era una: una amalgama de forúnculos y ampollas, sarpullidos y putrefacción. Su traje protector estaba lleno de agujeros. Las habitaciones del Sitio-19 habían estado en silencio desde hace semanas; había estado repartiendo bolsas podridas, y jugando con placas de Petri vacías.

Estaba enferma.

Siempre había estado enferma.

Abrió la puerta y esperó a ser curada.


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SCP-5055.


Procedimientos Especiales de Contención: La contención de SCP-5055 ya no es posible. Un evento del fin de la humanidad de Clase-GH "Plaga incolora" ya entrado a la Fase 3, y se considera irreversible.

Descripción: SCP-5055 es un cofre pequeño compuesto de marfil, bronce y madera teñida. Este cofre fue recuperado de un sitio arqueológico bajo las ruinas de la Antigua Constantinopla, sellado en un cubo de 6m2 se cemento solido, o concreto romano. Cuando se toca, SCP-5055 infunde una intensa sensación de terror.

El 1 de Enero de 2020, D-6106 fue instruida para abrir SCP-5055, y determinar su contenido


Dentro de SCP-5055 había algo que nadie se merecía.


Una nota manuscrita también estaba dentro de SCP-5055, que decía

> "¡DISCULPE! ¡POR FAVOR INTENTELO OTRA VEZ!" <


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