Epílogo

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Recobras el conocimiento lentamente en una habitación blanca y vacía. No puedes recordar nada. Espera, no es así. Sabes cómo hablar, cómo caminar, qué son las cosas, pero algunas cosas, como cómo llegaste aquí, qué es este lugar y quién eres están más allá del alcance de tu mente. Buscas un nombre, pero no tienes nada.

Parece que llevas ropa cómoda. Como si estuviera hecha a medida. Hay algo rígido en el bolsillo trasero de tus jeans. Un pedazo de papel, con una lista de nombres escritos en él. Los lees:

¡Guauu! ¡Acabas de encontrar a tu propio Pequeño Señor, una colección de edición limitada del Dr. Wondertainment!

¡Hazte amigo de todos y conviértete en el Sr. Amor!

01. Sr. Engrane
02. Sr. Sin Cabeza

La lista continúa, pero no la lees. En su lugar, la arrugas y la aprietas. Hay algo calmante en apretarla así.

Decides dirigir tu atención a tu entorno. Cuatro paredes blancas, una con una puerta. Vas a ella, y se abre cuando la tocas. Un parque, con gente caminando y jugando. El edificio detrás de ti es solo una casucha. Gente sosteniendo cosas que…

Te das cuenta de quién eres, tu nombre golpea a través de tu cabeza con más certeza que cualquier otra cosa que hayas conocido antes. Señor Coleccionista. Y sabes lo que haces. Ves las cuerdas invisibles de tus manos a los juguetes y chucherías y baratijas de estas personas y las agarras con fuerza y tiras. Cien cosas que sabes que deberían ser tuyas de repente lo son, ya que sus antiguos dueños miran confundidos por lo que eran sus posesiones. Porque esto es lo que eres. Eres el Sr. Coleccionista.

Excepto… que eso no está bien. No sabes nada sobre como lo sabes. Hay algo malo en ello. Te das cuenta, de una manera que parece más real, que tienes otro nombre.

Oh. La gente te está gritando exigiendo que les devuelvas "sus" artículos. Los ignoras. Por supuesto que eres el Sr. Coleccionista. Solo el Sr. Coleccionista podía tocar los hilos invisibles. Pero ¿podrías ser también alguien más? Un nombre, un nombre, se te sigue escapando.

Ahora se acerca un coche de policía, y el oficial está acercándose. El negro frío de su arma complementaría muy bien el brillo de este pendiente que tienes. Extiendes la mano y se libera de la funda y ahora es tuya. Amas tu colección más que nada.

Tienes una idea. En tu mente visualizas un cordón desde ti hasta lo que eras antes (¿Antes? A la parte de ti que grita que eres el Sr. Coleccionista no le gusta la idea). Tiras y no hay nada allí, nada que reconozcas como un nombre. Solo una cadena de letras y números fríos, que no significan nada.

El oficial te agarra, derramando tu preciosa colección en el suelo. Gritas con angustia y dentro de tu cabeza te aferras a lo único que te queda. O5-4.

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¡Fin!

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