¿Apostamos?
Puntuación: +5+x

“No me gusta esta corbata”, se dijo a si mismo el agente Sosa observando su reflejo en el cristal. Una corbata roja con líneas blancas que a su parecer no combinaba con su saco y camisa azul oscuro. No le parecía la mejor elección, pero el tipo que decidió vestirlo ese día opinó distinto. Hubiera preferido traer su saco y camisa negra y blanca clásica pero no “tenían la calidad adecuada” para el papel que iba a realizar. Suspiro un poco mientras se revisaba el ajuste del nudo con mucho cuidado.

Una vez revisado y ajustado, el agente Sosa entró por las puertas del Casino Calipso mientras que un tipo vestido de forma descuidada salía con la cabeza gacha.

Sosa fue recibido por las docenas de voces incompresibles que se mezclaban entre sí con los ruidos incesantes de las tragaperras que devoraban el dinero de los visitantes sin descanso entre las sombras de ese lugar. Sosa pasó de largo esa zona para ir directo a la parte de las mesas. A diferencia de las tragaperras, las mesas estaban perfectamente iluminadas y el ambiente era jovial y agradable, aunque muchos allí seguramente se estaban arruinando económicamente en ese momento.

Sosa miro algunas mesas por curiosidad hasta que logró localizar a su “contacto” y se le acerco.

—¡Eh, eh, eh! ¡¿Cómo estas amigo?! —lo saludó Nick Harrington con una sonrisa.

Nick, su contacto (aunque él no lo supiera), un sujeto de dinero y contactos que había sido escogió para la operación ya que era más abierto a las nuevas compañías entre los afiliados al casino y podía facilitarles el ingreso a zonas más exclusivas.

Sosa le devolvió el saludo y hablaron de algunas cosas, la mayoría sobre su falsa historia, mientras atravesaban el casino. Llegaron hasta un ascensor oculto al fondo donde Nick uso una tarjeta para abrirlo y subieron. Las puertas se abrieron en un pasillo con un empapelado rojo que terminaba en una sala muy amplia, donde una fuente donde una estatua de una mujer desnuda reinaba en lo alto. Era una zona finamente decorada y bien equipada (con un bar y un buffet) donde no se quedaron mucho tiempo. Rápidamente la atravesaron para llegar a un corredor adyacente.

Recorrieron ese camino hasta terminar en una puerta espacial casi al final del mismo. Allí, Nick tocó cuatro veces la puerta y un hombre al otro lado la abrió. El hombre observo a Nick y luego a Sosa para luego interrogar al primero sobre el segundo con una voz gruesa.

—Es amigo mío, no hay lio con él. —respondió Nick

El portero pregunto a uno de los que estaban adentro si los dejaban pasar y esa persona respondió con desinterés que sí. Luego el hombre los dejo entrar al cuarto. Allí adentro había un decorado elegante, aunque nada llamativo, y una mesa de juego con dos jugadores y un crupier jugando al blackjack.

—¡Hola! ¡¿Cómo han estado amigos?! ¿Listos para jugar? —dijo Nick acercándose a los sujetos.

El primero que le devolvió el saludo fue el tipo que tenía un saco negro que habló con amistad a Nick mientras que el segundo, que tenía una camisa arremangada fue más cortes. Al ver a Sosa, el segundo individuo pregunto rápidamente por su identidad. Nick le respondió que era un amigo suyo y que lo invitó ya que les faltaba un jugador para esa noche. El tipo observo de manera inquisitiva tanto a Nick como a Sosa.

—La apuesta de entrada son cien dólares ¿puedes pagarlo? —preguntó de forma directa a Sosa el individuo.

Sosa soltó un suspiro y sacó de su bolsillo un sobre con 10.000 dólares en su interior que se lo entregó al crupier.

—Nick me conto que son de los que juegan duro y viene preparado.

—Bien, siéntate —dijo el sujeto tirando las cartas que ya no le servían del juego anterior al crupier— Soy Jason y él es Matthew.

—Richard —dijo Sosa extendiendo su mano la cual Jason estrecho.

“Únete, juega un poco, no intentes nada arriesgado, y escucha todo lo que digan. Identifica al que sepa más sobre las anomalías y no llames la atención”, repasó Sosa en su mete las cosas que tenía que hacer esa noche cuando se sentó en la mesa.

Empezaron a jugar al póker donde hubo una clara diferencia entre Jason, quien controlaba el juego, y Nick y Matthew que intentaban recuperar sus pérdidas frente a él; Sosa se mantenía jugando bajo sin arriesgarse, incluso si tenía buena mano, por seguridad. En la octava ronda, Jason hizo una propuesta inusual a Sosa.

—Rick, ¿quieres hacer una apuesta especial?

—¿Qué apuesta? —preguntó con un poco de desconcierto Sosa.

—¿Quién de los dos tiene mejor mano? ¿tu o yo? Si fallas, tienes que responderme una pregunta con la verdad; si aciertas, yo soy el que responde.

—¿Y no me puedes preguntar directamente? Yo no cobro por la exclusiva —dijo Sosa en broma.

—Es un, digamos, capricho. Una tontería, lo sé, pero lo quiero hacer igual, además quiero darle algo de variedad a este juego que me está aburriendo un poco.

"¿Ganar más de 2.000 dólares por mano es aburrido para ti?" pensó con incredulidad Sosa, el cual aceptó la propuesta tras un momento de deliberación. Creí poder ganarse un poco la confianza de ese individuo, quien claramente era importante, si le seguía un poco el juego. Además, solo era una pregunta y no se va a dar cuenta si mentía.

Sobre la mesa había un Jack de tréboles, un 8 y un 10 de picas, y un 5 de corazones; en su mano un 8 y un 4 de tréboles. Ya tiene un par con el ocho y puede tener un segundo par si la quinta carta es otro cuatro. Viendo las apuestas, Jason ya sumo 3.000 mil dólares (algo que hizo a Matthew retirarse) y el sujeto de momento no ha perdido ninguna mano de la cual no se había retirado; así que debía tener un par, doble par, un trio o cree poder obtener una escalera. En cualquier caso, era una apuesta segura.

—Tú tienes mejor mano —dijo Sosa retirándose.

—Si tú lo dices. Nick, ¿terminamos el turno?

—Ehhh… sí, sí —dijo Nick algo apresurado.

El crupier reveló la última carta: un As de corazones

—Ja —dijo Jason revelando su mano: un Rey de diamantes y un 3 de tréboles—, nada.

—¡SI! —Grito Nick mostrando un As y una Reina de diamantes, obteniendo un par de ases.

—Parece que perdí —Jason tomó y revisó las cartas de Sosa—, y su vez gané ¿no te parece?

—Acabas de perder tres mil dólares —dijo Sosa algo incrédulo.

—El dinero no es importante. Ahora, mi pregunta —dijo Jason inclinándose sobre la mesa.

—Claro ¿Qué quieres saber? ¿la contraseña de mi cuenta bancaria? —dijo en broma algo que hizo reír levemente a Nick y Matthew

—¿Cuál es tu nombre?

“¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Sospecha de mí? ¿me está molestando? Diré mi nombre falso y ya está” pensó con una intranquilidad que intentaba ocultar Sosa en su expresión.

—Rafael Eduardo Sosa —respondió sin dudar el agente.

Un silencio se hizo en la habitación cuando el agente respondió con su nombre verdadero. Matthew y Nick no entendieron porque dijo eso, Sosa mucho menos, dejándolo totalmente confuso. En cambio, Jason se mostraba totalmente tranquilo.

—¿Qué paso? —preguntó desconcertado Sosa.

—Apostamos una pregunta que debías responder con la verdad, y respondiste con la verdad a mi pregunta —le respondió Jason como si le explicara algo a un niño.

Habían dicho eso, pero ¿era literal? Sosa no comprendía que había pasado, pero luego llego pronto a una conclusión de lo que pasaba por medio de esa falta de entendimiento. Algo anómalo ocurría allí.

Sosa se paró de su asiento para salir lo más rápidamente posible de allí, pero se detuvo casi al instante al ver a dos guardias cuando antes solo había uno en la puerta. Estaban parados allí con los brazos en la cintura como esperando a que Sosa hiciera algo.

—¿Ya te vas? —dijo Jason distrayendo un segundo al agente.

En ese momento un tercer guardia salió de la nada y lo agarró desprevenido. Sosa intento luchar, pero pronto los otros dos guardias de la puerta lo agarraron y lo sometieron con facilidad. Uno lo sostenía con una llave desde atrás y otro retenía sus piernas, el tercero le abrió la camisa con violencia rompiendo los botones y empezó a registrarlo en búsqueda de micrófonos o algún arma. No encontraron nada, algo que le informaron a Jason que dijo que le entregaran la corbata. El tercer hombre obedeció quitándole la corbata bruscamente a Sosa y entregándosela a su jefe. Este la revisó y encontró el micrófono escondido no solo entre los pliegues de la prenda, sino incluso entremedio del nudo, ocultado de forma perfecta.

—¿Para quién trabajas “Rick”? —preguntó Jason— esto es muy bueno para ser del FBI o la policía.

Sosa se mantuvo callado.

—Bien, no respondas, tampoco es que las preguntas sean gratis ahora —dijo Jason y les dio la orden de soltarlo a los guardias, quienes obedecieron —. Hagamos esto, sigamos jugando; si tú ganas consigues una pregunta y su yo gano yo consigo la pregunta.

—¿Y porque mierda jugaría? —dijo conteniendo su rabia Sosa.

—Porque de otra forma no te voy a dejar salir de aquí —dijo Jason seriamente.

Para el pesar de Sosa, la amenaza de Jason parecía muy cierta. Salir de esa habitación ya era un desafío enorme con esos tres guardias, pero no sabía si era posible o no salir del piso; no sabía que tantos guardias o puertas cerradas se iba a encontrar en su camino. La operación ya había sido arruinada, pero Sosa no sabía si valía el riesgo de pelear o era más riesgoso apostar con ese tipo, jugándose la información que tenía.

—¿Qué juego?

—Blackjack. Todos recibimos dos cartas y tendrás que adivinar quien de todos tiene la mejor mano. Si aun no estás seguro, voy a fijar el juego en cinco rondas. Luego de eso eres libre de irte. Además, creo que tendrás preguntas para mí como, por ejemplo, "¿cómo te descubrí?" o parecido ¿no?

Sin muchas más opciones, Sosa se sentó intentado acomodar su vestimenta rota.

—Bien, ahora ustedes también siéntense —demandó Jason a Matthew y Nick.

Sosa se había olvidado de esos dos hombres muy rápidamente, quienes se habían parado y apartado de la mesa cuando ocurrió todo. Ahora estaban contra la pared viendo toda la escena. Cuando Jason habló, Matthew, con dudas, obedeció y se sentó en la mesa de juego; Nick le tomo más tiempo avanzar.

—Ehh, amigo —dijo con nerviosismo Nick— yo quisiera irme y si no te es problema.

—Sí, sí me es problema Nick porque el presente de aquí fue traído por ti ¿Cuántos amigos tuyos no eran quienes decían ser, Nick? —al no tener respuesta, ordenó— Siéntate.

Nick se sentó algo pálido en la mesa. Jason le dijo al crupier que empezara a repartir las cartas. Primero el crupier entregó un 7 a Jason, un 6 a Sosa, una carta oculta a cada uno, y por último un 7 y una carta oculta a sí mismo.

—Por una pregunta ¿Quién tiene la mejor mano? —preguntó Jason.

Sosa revisó sus cartas, un 6 y una Reina, 16 puntos totales. No era mala mano, pero si los otros dos tienen un 10 o un As tendrían diecisiete o dieciocho y perdía si jugaba por sí mismo; si tenían cualquier carta menor a 9 perdía si apostaba en su contra. No tenía ningún método para predecir o adivinar que le tocó a cada uno más allá de la suerte. Y no le quedó más remedio que confiar en que ella estuviera de su lado.

—El crupier tiene la mejor mano.

Tras decir eso, todos revelaron su mano: Jason tenía un Rey, 17 puntos, y el crupier una Reina, 17 puntos. Sosa había ganado por el empate, algo que le hizo soltar un suspiro de alivio.

—Bien ¿Quién mierda eres y como supiste que mentía sobre mi identidad? —preguntó inquisitivamente Sosa.

—Para la primera pregunta: yo soy Jason O’Connor y manejo y organizo la mayoría de las apuestas especiales de este casino. Para la segunda: no te voy a responder, gana otra ronda.

“Jason O’Connor; administrador; apuesta especial. Suficiente como para que lo detengan” pensó Sosa en lo que haría cuando saliera: hacer que pusieran una jaula a ese tipo. Pero estaba a cuatro rondas de ese sueño.

El crupier empezó a repartir de izquierda a derecha: Matthew recibió un 3, Jason un 9, Sosa un 2, Nick un 2, las cartas ocultas y por último un 10 y una carta oculta a sí mismo.

—¿Van a jugar ellos también? —preguntó Sosa.

—Sí, no creo que tengan problemas ¿o no? —pregunto Jason y nadie objeto— ¿y usted tiene problemas con eso?

Sosa sintió en su nuca el peso de las miradas de los guardias antes de negar.

—Bien, ahora por dos preguntas ¿Quién tiene la mejor mano? —preguntó Jason

“Primero me aumenta la cantidad de opciones y ahora de preguntas. Que infeliz” pensó para si Sosa.

Primero revisó sus cartas, un 2 y un 8, 10 puntos, podía predecir que esa sería una de las manos más bajas por lo que se descartó a sí mismo. Nick y Matthew ya tenían cartas débiles por lo que, aunque tuvieran un diez o un As no serían altas, por lo que los descarto también. Quedaban el crupier o Jason para escoger. Cualquiera de los dos podía tener una mano buena con esas cartas fuertes, o más bajas que los otros dos si sus otras cartas eran débiles. Aunque Sosa creía que no serían tan débiles, un pensamiento puramente arbitrario como creer que, si ya salió varias veces negro, la ruleta va salir rojo la próxima vez. Así que, confiando que era lo mejor, aposto una vez más a que el crupier tenía la mejor mano.

Empezaron revelar las cartas: Matthew tenía un Rey, 13 puntos; Jason un 8, 17 puntos; Nick un As, 13 puntos; y el crupier otro 10, 20 puntos. Sosa había ganado de nuevo.

—Perfecto, ahora respóndeme ¿Cómo supiste que mentía? Y ¿este casino está metido en negocios anómalos?

—La primera pregunta: Lo supe cuando te presentaste, detecté que mentías cuando dijiste tu nombre. Un talento que desarrolle de tanto jugar. La segunda: El Calipso entró en los “negocios especiales” —respondió haciendo comillas con los dedos— por decisión de la compañía padre y nuestros dueños, Kalmiq, Azar y Placer.

—¿Cómo? ¿Por qué?

—Ya gástate tus dos preguntas así que silencio. Que inicie la tercera ronda.

“Bien, como quieras. Esto fácil, te voy a sacar toda la información hijo de puta” pensó para si Sosa.

El crupier empezó a repartir dos cartas ocultas a todos los jugadores.

“Mierda” pensó Sosa. Antes que pudiera quejarse, Jason hablo:

—Nunca dije que se jugaríamos con una carta descubierta y otra oculta. Solo dije que todos recibiríamos dos cartas. Por cuatro preguntas ¿Quién tiene mejor mano?

“Mierda y mierda” volvió a pensar Sosa. Él tenía un 5 y un 6, 11 puntos, y no sabía nada sobre las manos del resto. Jugaba totalmente a ciegas.

—Hey, Nick —dijo Sosa en voz baja— ¿tienes buenas cartas?

Nick Harrington vio en los ojos del hombre quien creyó que se llamaba Richard Blade desesperación, luego miró a los ojos de Jason O’Connor que le decían de forma clara “silencio”. Nick solo pudo apartar la mirada y hacer que no escucho nada. Sin más opción, Sosa disparó al aire y dijo que Jason tenía la mejor mano.

Se revelaron las cartas: Matthew tenía un 7 y un 8, 15 puntos; Jason un Rey y un 6, 16 puntos; Nick un 2 y un 4, 6 puntos; y el crupier un As y un 9, 20 puntos. Esta vez la suerte no estuvo de parte de Sosa.

—A ver —dijo Jason con una cara de satisfacción— ¿Qué pregunto? Empecemos por la básico ¿Para quién trabajas?

—Para la Fundación SCP —dijo a regañadientes Sosa, mirando a otro lado.

Jason se quedó callado mirando fijamente a Sosa. Si el agente hubiera visto la cara de su oponente en ese momento, habría observado como la incertidumbre invadía su expresión hasta que el hombre logró recuperarse y volver a preguntar, ahora con seriedad.

—¿Cuántos agentes tienen aquí espiando?

—Dentro del casino, otros dos mas además de mí. Fuera hay un equipo de unas ocho personas vigilando y haciendo logística, quienes me están esperando que salga de aquí a la hora prevista —dijo Sosa intentando intimidar en la última parte.

—¿Cuál es el nombre y función de cada uno de ellos?

Sosa empezó a enlistar cada uno de los nombres que conocía de sus compañeros mientras intentaba morderse la lengua que no paraba de soltar información en orden y forma clara para su entendimiento.

—Perfecto, me voy a guardar la última pregunta para luego —dijo manteniendo su tono serio Jason— me parece curioso tu apellido, “Sosa”. Muy latino para alguien tan blanco como tú, y además sin acento. Supongo que debes ser bueno con el inglés e inmigraste, o eres descendiente de latinos que vieron aquí y viven en este bello país. Tal vez te pregunte luego sobre eso para que me aclares la duda.

Jason pensó en vos alta, no solo para empezar a intimidar al agente, sino también darse seguridad para continuar.

—Pero primero, cuarta ronda. —declaró Jason

El crupier repartió todas las cartas ocultas a los jugadores.

—Por ocho preguntas ¿Quién tiene mejor mano?

Sosa se llevó las manos a la cara intentando pensar en alguna estrategia con desesperación. “¿Cómo se jugaba blackjack? ¿Cómo se contaban las cartas? ¿era que tenía sumar mas uno si era carta baja y restar menos uno si era carta alta? ¿O era al revés? ¡¿Y cómo cuento si no veo ninguna carta del resto y nadie pide más cartas?!” pensó sin encontrar una solución el agente. Hasta que considero algo.

—¿Me das otra carta?

Sin decir ninguna palabra, el crupier le entregó otra carta al agente. Ahora Sosa sonreía.

—Yo tengo la mejor mano —dijo con prepotencia enseñando su mano el agente que tenía un 9, un 6 y un 5, sumando 20 puntos.

“Estamos jugando blackjack y en el blackjack se piden cartas. No tengo que adivinar quien tiene la mejor mano, puedo obtenerla yo mismo” pensó con orgulloso de sí mismo al poder llegar a esa conclusión el agente.

¿Cómo reacciono Jason ante el movimiento de Sosa? Pidió dos cartas crupier y luego mostro dos 3, un Jack y un 5, sumando 21 puntos. Matthew también pidió una carta, pero solo sumó 19 puntos con un 2, un 10 y un 7. Nick no tuvo que pedir ninguna carta ya que tenía un As y una Reina, un blackjack. El crupier termino pasándose con un 8, un 4 y una Reina que sumaban 22 puntos.

Jason posó su mano sobre el hombro de un ahora derrotado Sosa.

—Decime ¿Cuál es la dirección exacta de tus padres?

Aunque no era algo que le gustara responder a Sosa, era una pregunta más segura que otras ya que sus padres estaban seguros en su Bolivia natal. Tal vez ese grupo era grande, no lo sabía, pero sabía que no eran lo bastante grande como para amenazar internacionalmente.

—¿Tienes novia, esposa, amantes? —pregunto Jason buscando presionar por otro lado.

Sosa respondió que no, que por trabajo no tenía permitido tener relaciones sentimentales. Que si quería tener una novia tenía que pedir un permiso en administración, aunque por lo general nadie pide dicho permiso si alguno empieza a tener un noviazgo. Una respuesta que parecería chiste pero que en esa situación era muy creíble. Jason empujó a Sosa de su hombro cuando se separó de él mientras apretaba los dientes.

—Ultima ronda —dijo demandando Jason—. Por veinticinco preguntas ¿Quién tiene la mejor mano?

Rompiendo la proporción que el mismo implemento, Jason dio inicio la quinta y última ronda. El crupier repartió las cartas e indicó que se pedirán cartas en orden de izquierda a derecha. El primero fue Matthew, el cual no pidió cartas. Le siguió Jason que pidió una carta para luego plantarse. Luego Sosa pidió una carta y se pasó con un 6, un 9 y una Reina, sumando 25 puntos. Por último, Nick también se pasó con un 10, un 4 y una Jack, sumando 24. Por último, el crupier se plantó tras tomar una carta.

Sosa se permitió un momento para ser optimista, ya tenía dos opciones menos de las cuales escoger, aunque fuera una probabilidad muy simple tenía más chances de acertar. Ahora, un presentimiento le decía que la mano de Jason no era la más alta, creía que solo había pedido una carta para aparentar que buscaba una mano alta, pero se mantuvo bajo; así que lo descarto a él. Si el crupier estaba respetando las normas básicas del blackjack, habrá pedido hasta llegar a 17 o más para luego plantarse como es costumbre, por lo que su mano era alta de forma segura. En cambio Matthew…

Sosa tenía dos opciones, la primera es que tenía una mano bastante alta -17 o más- y por eso no pidió carta; o la otra es que tenía cartas bajas y no pidió para que creyera que son altas como Jason. Aunque no creía él hubiera tomado la segunda opción seguía de igual modo la duda si su mano podía vencer a la del crupier o no.

Se generó un silencio tenso en la habitación mientras Sosa variaba su mirada entre las cartas de Matthew y las del crupier. Estuvo varios minutos pensando ya que si fallaba iba ponerse a él y a los suyos en una muy mala situación. A diferencia de Matthew o Nick que sudaban y se movían bastante por el nerviosismo, Sosa podía controlar esos impulsos hasta cierto punto, pero de igual modo su frente y espalda se estaban empapando.

Mientras tanto, Jason observaba la situación con una postura rígida y una mirada seria para no demostrar lo inseguro que realmente estaba. Desde que dijo ese sujeto que pertenecía a la Fundación ha tenido los pelos erizados durante todo el juego. Él no sabía que era “La Fundación” pero entendió rápido por el tono de su gerente que eran tipos que no querías meterte cuando él habló de ellos.

Ten cuidado de no llamar la atención con los juegos, sobre todo de la Fundación. Te lo digo en serio.

Esas fueron sus palabras cuando empezaron con las apuestas especiales en el Calipso. Jason pensó que había manejado bien el asunto, pero ese hombre probaba que la había cagado y la única forma que tenía en ese momento de salvarse era obteniendo esas preguntas. Le servirían como una compensación para el gerente por su error. “Como una puta mafia” pensó Jason recordándose que los casinos son una mafia más.

Alejando de su mente las trivialidades, intento considerar como evitar que ese hombre ganase esa ronda. Su mano era débil, unos 15 puntos, pero Sosa no parecía que la fuese a escoger. Podía arriesgarse a pedir otra carta, pero no encontraba motivos hacer eso. Podía predecir con las cartas propias y las que mostraron que podía tocarle una carta baja con la que no se pasaría. Pero si hacia eso tendría una mano fuerte que solo beneficiaría a Sosa. Y en caso contrario, si salía una carta alta se pararía de los 21 puntos y quedaría fuera, dándole una opción menos que escoger. No iba a pedir otra carta.

Matthew, por la cara que tuvo cuando vio su mano podía decir que era bastante alta, un 20 o peor, un blackjack. Podía hacerlo pedir otra carta para que se pasase fácilmente, con solo una palabra obedecería. Pero eso dejaría las opciones entre él y el crupier a Sosa, y su mano iba perder contra la del crupier de forma segura. No podía hacer que Matthew se pasase.

Podía hacer que los guardias se unieran al juego para darle más opciones al sujeto para que dude y tome una decisión equivocada, pero no podía hacerlo. No se preocupaba que Sosa se quejase, seguramente, o más bien, él no sabe que puede quejarse sobre cómo se estaba realizando el juego. Pero el crupier era un caso distinto. Aunque lo tenía de su lado ya que repartía las cartas de la forma que él quería, no le iba a dejar hacer lo que quisiera de una forma tan descarada como incluir más personas a la mitad de la ronda. La política de la casa dice que los crupieres son “neutrales” durante las apuestas especiales y ya había estirado mucho esa neutralidad durante el juego.

No podía agregar más personas. Solo podía rezar que el agente tomará una mala decisión y no elegirá la mano más alta. Y conocía una forma, algo burda, para que la gente escogiera mal.

—¡Escoge ya de una vez imbécil! —dijo Jason insultado a Sosa— ¡Termina ya de una vez!

Sosa podía ignorar fácilmente los gritos e insultos de Jason, le dijeron cosas peores en el entrenamiento. Pero seguía sin poder decidir que mano escoger y los gritos, quisiera o no, lo desesperaban más. Por lo que recurrió al único método que tenía para salir de esa encrucijada.

“Ta-te-ti su-er-te pa-ra ti…” cantó Sosa en su cabeza.

—La mano de Matthew —dijo al terminar su ritual— es la mejor.

Hubo silencio en donde los jugadores quedaron expectantes ante la revelación de las cartas de Matthew. Él, de forma tímida, las revelo: Un As y un Rey, blackjack. No era necesario ver el resto de cartas para saber que había ganado Sosa. El hombre no pudo contenerse y soltó un “si” de júbilo al ver su victoria. Eso colmó el vaso de Jason. Sin mediar palabra le dio un puñetazo en la cara a Sosa que lo aturdió por la sorpresa y ordenó a los guardias someterlo. Jason se masajeó la mano mientras los guardias se abalanzaban sobre Sosa ya que se había lastimado por poner el pulgar dentro del puño.

—¡EH! ¡EH! —gritó Sosa mientras lo sometían sobre la mesa— ¡DIJISTE QUE ME DEJARIAS IR!

—Sí, te voy a dejar salir de este lugar, pero no te voy a dejar ir con esas preguntas —dijo Jason con autoridad—. Así que haremos lo siguiente, tú vas preguntarme la hora veinticinco veces y yo te voy a responder veinticinco veces ¿entendiste?

—Entendí lo que dijiste, pero no voy a hacerlo.

Jason se quedó un momento rígido y luego soltó un grito y golpeo la mesa maldiciendo. Por esa clase de respuesta se dio cuenta que desperdicio una pregunta y ahora solo le quedaban seis. Volvió hacia Sosa.

—¡Escuchaba bien hijo de puta! ¡Si no haces lo que te digo te aseguro que saldrás de aquí más muerto que vivo y yo mismo te voy a rematar y mear sobre tu puto cadáver, y se lo mandare a tu madre para que lo vea porque SÉ SU PUTA DIRECCIÓN! ¡Ahora pregúntame la hora!

Sosa se mantuvo impasible. Jason tomó su cabeza y la estrelló contra la mesa, rompiendo su nariz de una forma bastante sonora. Jason volvió a exigir que preguntara la hora y Sosa volvió a quedarse en silencio. Jason volvió a estrechar su cara y volvió exigir.

—¿Qu- qué hora es? —preguntó Sosa con sangre cubriendo su rostro.

—Las doce y media de la madrugada —respondió tras revisar su reloj de pulsera Jason— Ahora vuelve a preguntar.

Repitieron ese proceso unas tres veces hasta que Sosa decidido arriesgarse.

—¿Cuántas anomalías tienen?

Jason ordenó que levantaran de la mesa Sosa y comenzarán golpearlo. Tras unos minutos de una breve paliza donde le sacaron el aire del pecho y le dejaron un sabor metal en su boca, lo pusieron de nuevo contra la mesa.

—Tenemos como unas seis anomalías que usamos para jugar o apostar —le respondió Jason poniendo su cara muy cerca de la de Sosa—. Y si haces otra pregunta como esa, hago te castren. Ahora pregúntame la hora.

Retomaron el proceso anterior sin inconvenientes. Sosa no se atrevió a hacer otra pregunta arriesgada. No iba a servir de nada esa información si lo terminaban matando. Una vez gastada las veinticinco preguntas de Sosa, Jason ordenó a los guardias que lo llevaran a la parte de atrás y que lo esperasen; también dijo que iba a respetar el acuerdo que hizo con él al principio del juego, aunque no era a Sosa a quien se dirigía. Cuando los guardias se lo llevaron, Jason se quedó con Mathew, Nick y el crupier en la habitación.

El primero estaba contra la pared pálido del miedo, el segundo contra una esquina temblando como tímpano y el tercero seguía impasible en su lugar, mirando fijamente a Jason. Él intento arreglase la camisa ahora cubierta de sudor y le indicó a Matthew y al crupier que se retirasen. Matthew salió corriendo rápidamente como alma que lleva el diablo de la habitación; el crupier recogió las cartas (algunas cubiertas con sangre) y se despidió formalmente de Jason antes de salir. Jason soltando un profundo suspiro se sentó en la mesa y le dijo a un aterrado Nick que se sentase, que iban a tener una pequeña charla.

“Estoy jodido” pensaba el agente Sosa en esa situación tan delicada. Luego de salir del cuarto de las apuestas se lo llevaron a un sector de mantenimiento, o algo así, donde lo ataron de las muñecas con un precinto detrás de la espalda y lo obligaron a sentarse en el suelo. La situación podría ser peor para Sosa, pero no veía una forma de escapar. Dos de los guardias lo vigilaban y estando atado no creía poder superarlos, además que no tenía ni idea de donde correr si lograba esquivarlos. No estaba viendo Sosa una solución a su predicamento. Solo se quedó lo que bien pudieron haber sido horas en ese lugar, sin hacer nada esperando lo mejor. Y sin aviso previo, Jason y otro hombre con unos cuantos años más mayor ingresaron el lugar, seguidos por detrás por el crupier.

El otro hombre se paró frente a Sosa, examinándolo, algo que también hizo el agente.

—Pregúntale que rango tiene —dijo el otro hombre a Jason.

—¿Esta seguro, señor? —preguntó Jason.

—Has lo que te digo —ordenó ese hombre desconocido.

Jason realizo la pregunta y Sosa la respondió a su pesar diciendo su clase como personal y nivel de autorización dentro de la Fundación. Luego el hombre hizo que Jason repreguntase cuales eran las informaciones más valiosas que conocía. Sosa respondió mencionando algunas cosas como su clave del banco, la contraseña de su correo electrónico, información superficial sobre anomalías con las tuvo un contacto o que le mencionaron investigadores o agentes de paso, la identidad de algunos compañeros suyos, entre otras cosas. Sosa se sentía que estaba traicionado a todos los que conocía mientras más hablaba con esos hombres.

—Bien —dijo el desconocido tras terminar de escuchar a Sosa—, déjelo ir.

—Pero —protestó rápidamente Jason—, pero aún me quedan unas cuatro preguntas, podemos sacarle algo más a este tipo.

—No, por lo que dijo es un donnadie en la Fundación y no sabe nada de valor ¿Y que más vas a hacer? ¿matarlo? Acordaste con él liberarlo luego de tu juego y a cada momento que pasa incumples ese maldito acuerdo. Y si tú incumples un acuerdo, yo no planeo hacerme responsable de las consecuencias de eso. Así que vas a tomar este tipo y lo vas a sacar de aquí como le dijiste. Además, esto —dijo señalando a Sosa— es una vergüenza, por si no te quedo claro.

El desconocido se retiró tras dar ese ¿regaño? A Jason, quien estaba visiblemente molesto y les ordenó agresivamente a los guardias que lo sacaran del casino. Ellos obedecieron y se llevaron a arrastras a Sosa, con el crupier siguiéndolos por detrás como si supervisara que cumplieran la orden hasta una salida trasera donde cortaron el precinto y lo soltaron. Había sido liberado en un callejón donde la luz de un único farol iluminaba lo poco que había en frente en la oscuridad de la noche. Sosa quedo un momento perplejo sin entender que estaba sucediendo con exactitud.

—Señor ¿se encuentra bien? —le preguntó el crupier que se le había acercado.

—Eh… Sí, sí… —respondió Sosa sin estar seguro— ¿en serio me dejan ir?

El agente tenía la duda razonable si todo eso era una trampa de algún tipo. Nadie dejaría ir a un sujeto como él, con información comprometedora, así por las buenas. Algo planeaban.

—Así es señor. Es libre de irse. Y de ese modo cumple al completo su acuerdo hecho con el señor O’Connor —le respondió el crupier a su duda.

“Ya dijeron bastante veces la palabra ‘acuerdo’ estos tipos”, pensó Sosa procesando lo que acaba de decirle el crupier. Al entender su libertad, Sosa rápidamente huyó de ese lugar tan rápido como pudo hacia la calle en búsqueda del apoyo de la Fundación.

Mientras tanto un hombre con un aspecto descuidado y sin un centavo volvía a entrar una vez más a ese establecimiento con la esperanza de recuperar todo su dinero que había perdido; como muchos antes y después de él.


Gracias a la información obtenida por el agente Sosa en un trabajo de infiltración1 se realizó un allanamiento al Casino Calipso bajo el pretexto de ser una búsqueda de narcóticos 3 días después del informe.

Tras la revisión completa de todo el establecimiento no se encontró evidencia alguna de actividad u objetos anómalos dentro del casino. Los interrogatorios al personal del Calipso tampoco dieron nuevas pistas sobre el caso.

Se decidió mantener la vigilancia del establecimiento en cuestión y se inició un seguimiento de las actividades de la compañía dueña del casino, Kalmiq, Azar y Placer S.C.A.2 en búsqueda de indicios de actividad anómala en sus negocios.

La búsqueda de Jason O’Connor, sospecho de extorción y tráfico ilegal anómalo, continua.

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